La Tragedia de los Andes, por Martina Encina

Hola a todos! Me llamo Martina Encina, soy la hija de Euge Budic, creadora de Viaje Boutique. Tengo 15 años y soy estudiante del colegio St. Catherine´s Moorlands School sede Tortuguitas. En mi colegio, en 4to año de la Escuela Secundaria, todos los alumnos debemos debemos realizar un Proyecto Personal, acerca de un tema que nos interese investigar.

Este año estuve en el Valle de las Lágrimas, lugar del accidente del avión de los rugbiers uruguayos, entonces decidí crear un blog sobre la tragedia de los Andes y mi experiencia personal. El blog está principalmente dirigido a jóvenes de mi edad, para contarles lo ocurrido allí hace casi cincuenta años, pero están todos invitados a leerlo, espero que lo disfruten!

Historia de 72 días en la inmensidad de la Cordillera

El sueño de un viaje deportivo

Hace 49 años, el equipo uruguayo de rugby del club Old Christians, un club polideportivo fundado por alumnos del colegio “Stella Maris” de Montevideo, tuvo un accidente en la Cordillera de los Andes. Inicialmente, el equipo conformado por chicos de 17 a 22 años, viajaba a Chile para jugar un partido contra los Old Boys, equipo de rugby del colegio Grange, y pasar un lindo fin de semana de primavera, con amigos y familia. 

Lamentablemente esto no fue así… Como muchos ya sabemos, el avión Fairchild F-22, es decir el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, tuvo un accidente. En él viajaban 45 personas, entre las que se encontraban el piloto, el copiloto, los chicos del equipo de rugby y algunos de sus familiares. Este accidente se produjo a 3.500 metros del nivel del mar en la Cordillera de los Andes, específicamente en el Valle de las Lágrimas, en la alta cuenca del río Atuel, Mendoza, en el centro-oeste de la Argentina, cerca de la frontera con Chile. 

Día del accidente en la cordillera

El viaje comenzó el día 12 de octubre de 1972, el vuelo partía de Carrasco, Montevideo Uruguay, con destino a Santiago de Chile. Por una tormenta de nieve en la cordillera, tuvieron que pasar la noche en un hotel de la ciudad de Mendoza. Recién el viernes 13 emprendieron el segundo vuelo a Santiago de Chile, volando por el costado de la tormenta.

La idea era volar hacia el sur desde la ciudad de Mendoza a Malargüe, luego cruzar la cordillera en dirección a Curicó y finalmente dirigirse hacia el norte para llegar a Santiago de Chile. Por un error humano, el piloto pensó que ya habían pasado los picos altos de la cordillera y Curicó. Entonces doblaron en el medio de la cordillera y volaron hacia el norte donde se encontraba la tormenta.

Debido a esto, el avión empezó a tener turbulencias, y en el medio de la tormenta descendió 600 metros en un solo segundo, volvió a ganar altura pero al segundo pozo de aire cayó nuevamente. Entonces el motor aceleró e hizo que el avión chocara con la panza y el ala contra la montaña. Por el impacto el avión se partió al medio y voló como un trineo por una especie de tobogán de nieve y luego frenó bruscamente. En consecuencia, en el instante murieron trece personas y los demás quedaron malheridos. 

Desde aquel momento empezó lo que yo considero la mayor historia de supervivencia y trabajo en equipo. La historia que algunos llaman “tragedia” y otros “milagro”, para mí dentro de la inmensa tragedia, estuvo el milagro de la fe y de la voluntad.

Primeros días después de la tragedia

Después del choque, el primer impacto fue ver el infierno. Al principio los que estaban en mejor estado tuvieron que organizarse y ayudar a los demás, para poder sobrevivir hasta el momento de ser rescatados. Varios fueron muriendo en el transcurso de los días por las heridas, el hambre y el frío.

Cada sobreviviente tenía un rol a realizar y se dividían el poco alimento que tenían, es decir una lata de conserva de mariscos, dos cuadraditos de chocolates para cada uno y un caramelo de dulce de leche repartido entre tres. Para tomar agua, derretían hielo en un invento hecho con restos del avión, también tenían algunas bebidas alcohólicas.

Se abrigaban con la ropa de los muertos o con abrigos improvisados con telas del avión. La poca ropa que llevaban puesta era de primavera. No sólo el hambre y la sed era un drama, también el frío extremo. Las temperaturas eran bajo cero y la nieve les llegaba a la altura de la cintura. 

Cuatro de los sobrevivientes realizaron la primera expedición en la montaña. Carlos Páez, Turcatti, Canessa y Fito Strauch, fueron caminando hacia el lugar donde la cola había quedado para ver si recuperaban algo importante. Por esta experiencia, se dieron cuenta de que la montaña todavía seguía con mucha nieve y grietas, lo cual dificultaba cualquier travesía.

A los pocos días tres aviones sobrevolaron la montaña. Los uruguayos estaban convencidos de que habían sido vistos y se ilusionaron con el rescate, comiendo y bebiendo lo poco que les quedaba. Esperaron una semana ilusionados en que los iban a ir a buscar, pero no fue así. Al décimo día, escucharon en la radio que los habían dado por muertos, que suspendían la búsqueda del avión y que irían en febrero a recoger los cuerpos. 

De la espera a la acción

Durante los primeros días, debido al shock emocional luego de la tragedia de los Andes, los jóvenes hicieron lo necesario para sobrevivir hasta ser rescatados. Pero, luego de haber escuchado en la radio la noticia de que los habían dado por muertos, el momento de realizar lo imposible para salir de las montañas había llegado. 

Después del día 10, la organización y la acción debían cambiar. Para ellos, saber que la búsqueda había finalizado, los impulsó a actuar, a no depender del mundo externo y a buscar la salida por sus propios medios. 

Una de las primeras discusiones que tuvieron fue el alimentarse del cuerpo de los muertos. Una idea que rondaba pero no se animaban a expresar. Poco a poco empezaron a hablar del tema, y realizaron una reunión para debatir si debían o no, pero ante la falta total de alimento, era la única manera de sobrevivir. Entonces, llegaron a un pacto solemne de que comerían a los muertos y que si alguno moría podría ser utilizado como alimento. 

La avalancha

Al mes de estar en la cordillera, una fuerte avalancha sepultó a todos los sobrevivientes que estaban por irse a dormir. Varios de los que habían sobrevivido hasta entonces, murieron asfixiados por la fuerza y el frío de la nieve. Otros se ayudaron entre sí para poder salir del caos. En ese momento, solo quedaron 19 sobrevivientes. El fuselaje había sido enterrado por la nieve, entonces tuvieron que permanecer allí durante tres días, esperando a que la tormenta termine y así poder sacar los restos de nieve y los cuerpos de los fallecidos. 

Luego de este triste episodio, los sobrevivientes comprendieron que tenían que salir sí o sí de la montaña para poder sobrevivir. Poco a poco los días empezaron a ser más largos y las fuertes nevadas fueron disminuyendo. Hubieron algunos intentos de caminatas, hasta que llegó el día de la expedición final, que les cambiaría sus vidas para siempre.

La expedición final

El martes 12 de diciembre Roberto Canessa, Nando Parrado y Antonio Vizintín iniciaron la última expedición rumbo al oeste para encontrarse con los «valles verdes» de Chile. La travesía resultó extremadamente dificultosa no sólo por la inmensidad y los obstáculos de la cordillera, sino también por las pésimas condiciones físicas en las que se encontraban. Además había discusiones entre ellos por la toma de decisiones o el camino a seguir.

A los dos días decidieron que Vizintín debía regresar al fuselaje, para que la comida alcanzara a Canessa y Parrado el resto de la expedición. Durante los siguientes días, Canessa y Parrado continuaron el cruce de las altas cumbres, en condiciones extremas.

El domingo 17 de diciembre vieron por primera vez desde el día del accidente, un arroyo y algo de vegetación. Poco a poco las montañas fueron perdiendo altura y el valle se hizo más extenso. El martes 19 descubrieron vacas y los primeros signos de civilización: una lata de conserva vacía, la herradura de un caballo y árboles talados. La esperanza y la fe resurgían con más fuerza que nunca.

La historia de estos jóvenes sobrevivientes cambiaría para siempre el miércoles 20 de diciembre. Aquel día por la tarde, mientras descansaban junto a un río muy caudaloso, Canessa divisó un hombre a caballo del otro lado del río, y le gritó a Parrado para que vaya a su encuentro, ya que él se sentía muy débil, pero al rato lo pierden de vista. Al día siguiente el arriero Sergio Hilario Catalán Martinez, decidió regresar y les tiró al otro lado del río un papel y un lápiz atados a una piedra, y un trozo de pan.

Parrado entonces escribiría una de las notas más conmovedoras en la historia de las tragedias humanas:

“Vengo desde un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace diez días estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí. No sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos vendrán a buscar arriba? Por favor no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?«.

Al lanzarle la nota al arriero, este la leyó y les gritó: “Vuelvo luego”. En las siguientes horas un grupo de arrieros fueron a rescatarlos, llevándoles abrigo y alimento. Aquel día los sobrevivientes que estaban en el avión sintonizaron la radio y escucharon la noticia de que un arriero había hallado a dos sobrevivientes del avión uruguayo perdido el 13 de octubre de 1972.

Foto de archivo: Nando Parrado y Roberto Canessa junto a Sergio Catalán

El viernes 22 de diciembre se producía el mayor de los milagros: dos helicópteros de rescate, con Nando Parrado mostrando el camino a seguir, arribaron al fuselaje, donde se encontraban los demás sobrevivientes, emocionados hasta las lágrimas. El rescate se produjo entre los días 22 y 23 de diciembre, y todos fueron trasladados a hospitales para su evaluar su estado físico y recuperación. Así terminaba una de las mayores historias de supervivencia, resiliencia, fe y trabajo en equipo de la historia humana.

Foto de archivo: día del rescate

Mi experiencia en el Valle de las Lágrimas

Cómo conocí la historia de los Andes

La tragedia de los Andes es un tema que siempre tuve presente desde muy pequeña. Muchas veces no entendía bien lo sucedido, pero como mi hermano Francisco siempre veía documentales sobre el tema, yo ya conocía el hecho y algunos detalles.

El sobreviviente que más identificaba era Carlitos Páez Vilaró, ya que en mis viajes a Uruguay, visitábamos frecuentemente Casapueblo, la casa taller de su padre, el artista Carlos Páez Vilaró, y casa de veraneo de Carlitos. Unas de las veces que estuve allí me conmovió el sector del museo dedicado a la tragedia de los Andes y la búsqueda desesperada de un padre por su hijo.

Ese mismo día de casualidad nos cruzamos con Carlos Páez Vilaró padre, quien muy amablemente nos autografió unas láminas suyas que habíamos comprado y nos contó un poco acerca del tema. Quedé muy impresionada, y desde aquel día la historia de los uruguayos quedó muy presente en mis pensamientos.

Cómo surgió la idea de hacer la travesía

El año pasado a comienzos de la pandemia, mi mamá y mi hermano Francisco volvieron a ver la película «Viven«, también diferentes documentales y reportajes a los sobrevivientes. Ellos siempre habían tenido interés en ir al Valle de las Lágrimas, pero lo veían como algo lejano o casi imposible.

A fines del 2020, después de un año difícil para todos, mi mamá se planteó «por qué no?» y nos preguntó si estaríamos con ganas de hacer el viaje a la cordillera. Nuestro asombro y entusiasmo fueron grandes, y así comenzaron los preparativos de uno de los viajes más emotivos de nuestras vidas. En enero 2021 viajamos a Mendoza, para iniciar la expedición al lugar del accidente del avión de los uruguayos.

Cómo fue la travesía al Valle de las Lágrimas

Todo comenzó en Malargüe, una ciudad al sur de Mendoza, donde nos hospedamos en el refugio de Juan Ulloa y conocimos a quien sería nuestro guía de aventura, Francisco «Pancho» Cordón Grimsditch. La primera noche cenamos y dormimos en el refugio atendido por Laura Ulloa, hermana de Juan. Al día siguiente partimos bien temprano en camioneta hacia el Sosneado, donde almorzamos y conocimos a Roque y Alexis, los arrieros que iban a acompañarnos.

Después del mediodía salimos en cabalgata hacia el campamento de montaña, donde haríamos base. Fueron más de cinco horas a caballo, cruzando ríos y caminos hermosos. Una vez que llegamos al campamento, en medio de un paisaje asombroso, descansamos un rato y cenamos todos juntos a la luz de las estrellas.

Al día siguiente, nos levantamos a las 6 de la mañana, desayunamos y partimos hacia el lugar de la tragedia de los Andes. Después de cinco horas de cabalgata por caminos empinados y sinuosos, llegamos al Valle de las Lágrimas. Mi emoción fue enorme…

Desde el momento en que vi la inmensidad del lugar y el pequeño altar me largué a llorar, no sé si fue porque soy muy sensible, por lo impactante de estar allí o por qué razón, lo único que sé es que ese momento me marcó para siempre. Ahí supe que mi personal project sería sobre la tragedia de los Andes.

Ver el pequeño altar con la cruz hecha por los sobrevivientes durante la tragedia, y el lugar donde están enterrados los muertos, fue muy conmovedor. Esta experiencia me hizo reflexionar en que no hay que rendirse, que aunque estemos tristes y angustiados, siempre hay una luz al final del camino. En todo momento hay que dar lo mejor de nosotros y no perder la fe.

Fue muy emotivo estar en aquel lugar, donde jóvenes uruguayos tuvieron que sobrevivir durante 72 días con enormes dificultades. En medio de la inmensidad de la tragedia, fue un milagro que hayan podido salir de allí por sus propios medios, gracias al valor de la amistad y al compañerismo, gracias al trabajo en equipo, esfuerzo y capacidad de resiliencia, gracias a la fe y a la esperanza.

Después del mediodía volvimos al campamento, cansados pero con el corazón feliz. Al día siguiente regresamos a Malargüe, donde nos duchamos después de tres días, cenamos y nos fuimos a descansar, felices de la experiencia vivida, de saber que siempre hay que dar lo mejor y que nada es imposible.

Este viaje fue muy importante para mí, me enseñó a valorar situaciones de la vida cotidiana, por pequeñas que sean, lo cual estoy muy agradecida. En definitivas, me enseño a valorar el hecho de estar viva. GRACIAS!

Biblografía

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13 comentarios en “La Tragedia de los Andes, por Martina Encina”

  1. Muy buen blog Martu! Muy informativo y entretenido! Muy lamentable lo que les ocurrió a los rugbiers, y que fuerte que es la historia de ellos, como tambien la carta que escribió Nando Parrado.

  2. Te felicito, Martu!
    Tu blog es un hermoso homenaje a esos jóvenes que decidieron librar batalla al más temible de los contrincantes, la naturaleza en su estado más salvaje.
    Las montañas fueron despiadadas, no perdonaron la intrusión, pero quedaron vencedores que dejaron un mensaje esperanzador.
    Tu pluma fresca y tu vivencia hicieron de puente y nos recordaron la importancia de la perseverancia, de la unión y de la voluntad.
    Gracias, Martu!

  3. Me encantó Martu! La verdad que fue una tragedia terrible y me parece de suma importancia que sea una historia que se siga contando y no quede en el olvido. Te felicito!!

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